The Nizkor Project: En Memoria del Holocausto (Shoah)

Nuremberg, crimenes de guerra, crimenes contra la humanidad

Juicio a los Principales Criminales de Guerra Alemanes

En Nuremberg, Alemania
12 de marzo a 22 de marzo de 1946

Octogésimo Primer Día: Miércoles, 13 de marzo de 1946
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Dr. STAHMER:

P: ¿Hasta qué punto participó usted en la promulgación de las Leyes de Nuremberg de 1935?

R: Como Presidente del Reichstag, anuncié estas leyes y las leyes relativas a la nueva bandera del Reich simultáneamente aquí, en Nuremberg, que era donde estaba reunido el Reichstag en aquel momento.

P: En la Acusación se dice que la destrucción de la raza judía era parte de la planificación de guerras de agresión.

R: Eso no tiene nada que ver con la planificación de guerras de agresión. Además, no se planificó de antemano la destrucción de la raza judía.

P: ¿Tomó parte en la acción contra los judíos de la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938?

R: Querría tratar este asunto brevemente. Según lo que entendí ayer del interrogatorio del testigo Körner, hay un malentendido relativo a esto. El 9 de noviembre se conmemoró la marcha del Feldherrnhalle. Esta marcha se repetía cada año, y esta ocasión asistieron los líderes destacados del movimiento. Körner se refería a eso cuando dijo que todo el mundo fue a Munich. Era acostumbrado que al acabar la marcha prácticamente todo el mundo acudiera al Ayuntamiento de Munich a una cena, a la que asistía también el Führer.

Yo nunca asistí a esa cena ninguno de los años en cuestión, ya que solía aprovechar mi estancia en Munich para dedicarme a otros asuntos la tarde de ese día. Tampoco asistí a la cena en esta ocasión, y Körner tampoco fue. Él y yo volvimos en mi tren especial a Berlín por la noche. Según supe después, cuando se llevó a cabo la investigación, Goebbels anunció en esa cena, después de que se marchara el Führer, que había fallecido de sus heridas el consejero de la Embajada en París que había sido gravemente herido. Hubo un cierto grado de excitación y entonces Goebbels al parecer mencionó algunas palabras sobre represalias. Él era a su manera probablemente el representante más destacado del antisemitismo, y esto debe haber llevado a este desarrollo de los acontecimientos, pero esto ocurrió después de que se marchara el Führer.

Yo me enteré de los hechos a mi llegada a Berlín. Primero el chófer de mi coche me dijo que había visto incendios en Halle. Media hora después llamé a mi asistente, que me informó de que había habido disturbios durante

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la noche, que habían entrado en tiendas judías y las habían saqueado, y que se habían incendiado sinagogas. No sabía nada más de esto.

Fui a mi apartamento y pedí de inmediato que llamaran a la Gestapo. Exigí un informe de los hechos de esa noche. Ese es el informe que se ha citado aquí y que elaboró para mi el Jefe de la Gestapo, Heydrich, exponiendo los hechos en la medida en la que él los conocía en ese momento, es decir, la noche del día siguiente, creo. El Führer también llegó a Berlín esa mañana. Al haberme enterado mientras tanto de que Goebbels había ejercido como mínimo un papel importante como instigador, le dije al Führer que para mi era imposible permitir que ocurrieran esos hechos en ese momento en particular, en el que estaba muy dedicado, con el Plan de Cuatro Años, a concentrar toda la esfera económica, y que, en diversos discursos a la nación, había pedido que se recolectara y utilizara hasta el último tubo de pasta de dientes, hasta el último clavo oxidado, hasta la última pieza de chatarra. Dije que no se podía tolerar que un hombre que no tenía ninguna responsabilidad en estas cosas alterara mi difícil trabajo con la economía destruyendo tantas cosas con valor económico por un lado, y causando tantas alteraciones en la vida económica por otro lado.

El Führer le disculpó en parte, pero por lo general dijo estar de acuerdo con que no se debía permitir que tuvieran lugar hechos como esos. Le señalé que, siendo tan cercanos al Pacto de Munich, esos incidentes tendrían un efecto desfavorable también en política exterior.

Por la tarde mantuve otra conversación con el Führer. Mientras tanto, Goebbels había ido a verle. A este último le había expuesto por teléfono, en términos inequívocos y con palabras muy duras, mi punto de vista sobre el asunto. Le dije entonces, con énfasis, que no estaba dispuesto a sufrir las consecuencias de sus declaraciones incontroladas en cuestiones económicas.

Mientras tanto el Führer, influido por Goebbels, había cambiado su punto de vista en cierta forma. No sé qué le dijo Goebbels ni hasta qué punto le habló de la excitación de la multitud, o de reformas urgentemente necesarias. No lo sé. En cualquier caso, el punto de vista del Führer ya no era el mismo que cuando presenté mi primera queja.

Mientras hablábamos, se nos unió Goebbels, que estaba en la casa, y empezó a hablar con su estilo habitual: que no se podía tolerar, que este era el segundo o tercer asesinato de un nacionalsocialista cometido en el extranjero por un judío, etc. En esa ocasión fue cuando sugirió por primera vez que se debía imponer una multa. De hecho, quería que cada Gau se encargara de recolectar esa multa, y mencionó una suma increiblemente alta.

Le contradije y le dije al Führer que, si se iba a imponer una multa, el Reich debía ser el único encargado de recolectarla, ya que, como dije, Herr Goebbels tenía a la mayoría de los judíos aquí, en Berlín, y por tanto él no era una persona adecuada para esto, ya que era la parte más interesada. Aparte de eso, si se iban a tomar esas medidas, el Estado soberano era el único que tenía derecho a tomarlas.

Tras una breve discusión, esto y lo otro, sobre la cantidad, se fijó en mil millones. Le señalé al Führer que dadas ciertas circunstancias, esa cifra tendría repercusiones en los impuestos. El Führer entonces expresó el deseo y ordenó que la solución económica también se llevara a cabo al momento. Para que no hubiera ocasión de repetirse esos hechos, primero: los negocios obviamente judíos y que se sabía que eran judíos debían ser arianizados; en particular, los grandes almacenes, ya que eran con frecuencia origen de fricciones debido a que los funcionarios y empleados de los ministerios, que sólo podían ir a comprar entre las 6 y las 7 de la tarde, solían acudir a estos grandes almacenes y se encontraban con dificultades. Ordenó en términos generales lo que había que hacer.

Así, convoqué la reunión del 12 de noviembre con los departamentos que tenían alguna jurisdicción sobre estos asuntos. Por desgracia, el Führer había pedido que Goebbels estuviera representado en esta comisión, y es que

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se iba a crear una comisión. Estuvo presente, aunque yo dije que él no tenía ninguna relación con cuestiones económicas. La discusión fue muy agitada; todos acabamos irritados en esta reunión. Tras la reunión, hice que se redactaran las leyes económicas, y después hice que las publicaran.

Rechacé otras propuestas que no entraban en el ámbito económico, como restricciones de viaje, restricciones de lugar de residencia, restricciones en zonas de baño, etc., ya que yo no tenía autoridad para intervenir en estas cosas y no había recibido órdenes especiales. Estas restricciones fueron aplicadas por las autoridades policiales más adelante, no por mi; y un tiempo después intervine para mitigarlas y hacer varios ajustes.

Querría señalar que aunque recibí órdenes verbales y por escrito, y órdenes del Führer de promulgar y aplicar estas leyes, asumo una responsabilidad total y absoluta por ellas. Llevan mi firma; yo las promulgué, y por tanto, soy responsable, y no tengo intención de esconderme de ninguna manera detrás de la orden del Führer.

P: Pasemos a otro asunto. ¿Cuáles fueron las razones de la negativa a participar en la Conferencia de Desarme y de la retirada de la Liga de Naciones?

R: Las razones principales fueron, (1) que el resto de Estados que, tras el desarme completo de Alemania, habían asumido el compromiso de desarmarse también ellos, no lo hicieron. (2) Que también vimos una falta de voluntad de aceptar las justificadas propuestas de revisión de Alemania. (3) Hubo repetidos quebrantamientos del Tratado de Versalles y de los estatutos de la Liga de Naciones por parte de otros Estados: Polonia, Lituania, etc., y estos quebrantamientos, al principio condenados por la Liga de Naciones, no sólo no cesaron, sino que acabaron aceptándose como hechos consumados. (4) Todas las quejas presentadas por Alemania relativas a minorías fueron, eso es cierto, debatidas, y se dieron consejos bienintencionados a los Estados contra los que se habían presentado quejas, pero no se hizo realmente nada para aliviar la situación.

Esas son las razones por las que abandonamos la Liga de Naciones y la Conferencia de Desarme.

P: ¿Por qué decidió Hitler el rearme y la reintroducción del servicio militar?

R: Cuando Alemania abandonó la Liga de Naciones y la Conferencia de Desarme, anunció simultáneamente a las principales Potencias afectadas su clara decisión de luchar por el desarme universal. El Führer hizo entonces varias propuestas que se puede considerar que son conocidas como hechos históricos: restricción de las fuerzas armadas activas hasta un cierto número de hombres, restricción del armamento utilizable, abolición de ciertas armas, como por ejemplo los bombarderos, y otros puntos. Sin embargo, se rechazaron todas estas propuestas, y no sólo no llegaron al punto de aplicarse universalmente, sino que ni siquiera llegaron al punto de ser debatidas.

Cuando el Führer y yo vimos claramente que las otras partes no pensaban desarmarse y que, por el contrario, esa poderosa Potencia situada al este de nosotros, Rusia, estaba llevando a cabo un programa de armamento mayor que ninguno llevado a cabo antes, fue necesario, para salvaguardar los intereses más vitales del pueblo alemán, su vida y su seguridad, liberarnos de todas las ataduras y rearmarnos hasta el punto que era requerido entonces para satisfacer los intereses y la seguridad del Reich. Esa fue la primera razón de la necesidad de reintroducir el servicio militar.

P: ¿Hasta qué punto participó la Fuerza Aérea en este rearme?

R: En 1933, cuando fundé el Ministerio del Aire, no nos planteamos en un primer momento la cuestión del rearme. A pesar de eso, fijé ciertas condiciones básicas. Amplié de inmediato la capacidad de producción e incrementé el tráfico aéreo por encima del tráfico necesario para así poder adiestrar a un número mayor de pilotos. En ese momento reuní a un número de jóvenes, tenientes

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y subtenientes, que tuvieron que dejar las Fuerzas Armadas para pasar a ser pilotos comerciales y aprender a volar.

Era consciente desde el principio de que la protección aérea era necesaria como una de las condiciones esenciales para la seguridad de mi nación. En un principio creía que una fuerza aérea defensiva, es decir, una fuerza de cazas, sería suficiente; pero tras meditarlo, me di cuenta, y quiero subrayar lo que el testigo, el Mariscal de Campo Kesselring dijo al respecto, que estábamos perdidos teniendo sólo una fuerza de cazas para defendernos, y que hasta una fuerza defensiva debe tener bombarderos para poder usarse ofensivamente contra la fuerza aérea enemiga en territorio enemigo.

Así, hice que se desarrollaran bombarderos a partir de aviones comerciales. Al principio el rearme fue lento. Había que crear todo desde cero, ya que no existía ningún armamento aéreo.

En 1935 le dije al Führer que consideraba apropiado en ese momento, dado que habíamos recibido repetidas negativas en respuesta a nuestras propuestas, declarar abiertamente al mundo que estábamos creando una fuerza aérea, y que ya había establecido una base. Esto tuvo lugar en una entrevista que concedí a un corresponsal británico.

Ahora podía proceder al rearme en una escala mayor. Pero a pesar de eso nos limitamos primero a lo que denominamos una "Fuerza Aérea de Riesgo", es decir, un "Riesgo" en la medida en que un enemigo que fuera a atacar a Alemania sabría que podía esperar encontrarse con una fuerza aérea. Pero de ninguna manera era suficientemente fuerte como para tener una importancia real.

En 1936 se elaboró el famoso informe que se mostró al testigo Bodenschatz, en el que dije que debíamos, a partir de ese momento, trabajar en base a una movilización, que el dinero no importaba y que, resumiendo, yo asumiría la responsabilidad de exceder el presupuesto.

Dado que no existía nada anteriormente, sólo podía ponerme al día rápidamente si la producción de aviones por un lado se hacía funcionar con la mayor cantidad posible de turnos de trabajo, es decir, con un esfuerzo máximo y con una base como la de una movilización, y si, por otro lado, la extensión de la organización de las fuerzas de tierra y asuntos similares se llevaban a cabo de inmediato con la máxima rapidez posible.

Yo defino la situación en 1936 en ese informe a mis compañeros de trabajo como grave. Otros Estados, estaba claro, no se habían desarmado, pero aquí y allá habían quizás descuidado su fuerza aérea y estaban intentando recuperar el tiempo perdido, y había violentos debates en Inglaterra relativos a la modernización y creación de la Fuerza Aerea. Había una actividad febril en Rusia, de la que teníamos informes fiables. Hablaré después del rearme ruso.

Cuando estalló la Guerra Civil en España, Franco envió una petición de ayuda a Alemania y pidió apoyo, en especial aéreo. No deberíamos olvidar que Franco y sus tropas estaban en África y que no podía trasladar las tropas porque la flota estaba en manos de los comunistas, o, tal y como se denominaban entonces, el Gobierno Revolucionario legítimo de España. Lo importante era, primero de todo, que las tropas llegaran a España.

El Führer estudió el asunto. Le insté a proporcionar apoyo bajo cualquier circunstancia, primero, para evitar una mayor extensión del comunismo en ese teatro de guerra, y segundo, para poner a prueba mi joven fuerza aérea en esta ocasión desde ciertos puntos de vista técnicos.

Con el permiso del Führer, envié a gran parte de mi flota de transporte y un cierto número de unidades experimentales de cazas, bombarderos, y cañones antiaéreos, y de esta manera tuve ocasión de determinar, en condiciones de combate, si el material era el apropiado. Para que el personal también adquiriera un cierto grado de experiencia, procuré que hubiera un flujo continuo, es decir, que continuamente se enviaran personas nuevas, trayendo de vuelta a otras.

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El rearme de la Fuerza Aérea requería, como condición básica, la creación de un gran número de nuevas industrias. No era muy práctico crear una fuerte fuerza aérea y no tener combustible para ella. En este caso tuve también que forzar al máximo a las refinerías. Había otras industrias auxiliares, sobre todo la del aluminio. Dado que consideraba a la Fuerza Aérea la parte más importante de las Fuerzas Armadas por lo que respecta a la seguridad del Reich, y en vista de la modernización de las ciencias técnicas, era mi deber como Comandante Supremo hacer todo lo posible para desarrollarla al máximo y, dado que no había nada con lo que comenzar, era necesario un esfuerzo supremo y una cantidad máxima de trabajo. Así lo hice.

Se ha hablado mucho aquí en un interrogatorio de bombarderos cuatrimotores, bombarderos bimotores, etcétera. Los testigos hicieron declaraciones según sus conocimientos y capacidades, pero estaban familiarizados sólo con pequeñas secciones y dieron sus opiniones desde este punto de vista. Yo era, y soy, el único responsable, ya que era el Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea y el Ministro del Aire. Era el responsable del rearme y de la construcción de la Fuerza Aérea, y de su espíritu.

Si al principio no construí bombarderos cuatrimotores, no fue porque tenía reparos porque podían ser considerados una fuerza agresora. Eso no me habría alterado ni por un segundo. Mi única razón era que no se daban las condiciones técnicas y productivas necesarias. Simplemente, mi industria aún no había desarrollado esta clase de bombardero, o al menos no de una forma que pudiera usarlo. En segundo lugar, aún no disponía de mucho aluminio, y cualquiera con una mínima experiencia sabe cuánto aluminio necesita un bombardero cuatrimotor y cuántos cazas, o bombarderos bimotores, se pueden construir con esa misma cantidad.

Para comenzar, tenía que determinar quiénes podían ser los oponentes de Alemania en una guerra. ¿Las condiciones técnicas eran las adecuadas para responder a un ataque contra Alemania de ese enemigo? De todos los posibles oponentes, consideraba que Rusia era el principal oponente, pero por supuesto también había que considerar a Inglaterra, Francia e Italia. Era mi deber estudiar todas las posibilidades.

En cuanto al teatro de operaciones europeo, podía por el momento arreglármelas con bombarderos que pudieran actuar contra los centros importantes de la industria de armamento y contra ataques aéreos enemigos. Así, por el momento, no necesitaba más que aviones que me permitieran hacer eso, pero era importante tener más de esta clase.

Pero en un discurso ante los industriales de la aviación dejé claro que deseaba con urgencia disponer de un bombardero que, cargado con las bombas necesarias, pudiera volar hasta América y volver. Les pedí que trabajaran diligentemente para que, si América entraba en guerra con Alemania, pudiera atacar la industria de armamento americana. En otras palabras, no es que no quisiera tenerlos. Que yo recuerde, hasta creé una competición destinada a diseñar bombarderos capaces de volar a gran altitud y gran velocidad en distancias largas. Y ya incluso antes de la guerra habíamos empezado a desarrollar aviones sin hélices.

Resumiendo, querría decir que hice todo lo posible, bajo las condiciones técnicas y productivas existentes, para reconstruir y rearmar una fuerte Fuerza Aérea. Los conocimientos técnicos de la época nos llevaron a creer que, después de cinco años de guerra, se habrían hecho nuevo avances técnicos y prácticos. Es un principio basado en la experiencia. Quería estar preparado para tener una fuerza aérea que, sin importar cómo se desarrollara la situación política, fuera lo suficientemente fuerte como para proteger la nación y golpear a los enemigos de Alemania. Es perfectamente correcto que el Sr. Juez Jackson pregunte si la rápida eliminación de Polonia y Francia se debió al hecho de que la Fuerza Aérea Alemana, actuando según principios modernos, aportó tanto. Ese era el requisito previo decisivo. Por tanto, aunque esto no me

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concierne, el uso de la Fuerza Aérea Americana fue también una condición necesaria para la victoria Aliada.


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