The Nizkor Project: En Memoria del Holocausto (Shoah)

Nuremberg, crimenes de guerra, crimenes contra la humanidad

Juicio a los Principales Criminales de Guerra Alemanes

En Nuremberg, Alemania
12 de marzo a 22 de marzo de 1946

Heptagésimo Noveno Día: Martes, 12 de marzo de 1946
(9 de 9)


[El Dr. LATERNSER continúa con su interrogatorio del Mariscal de Campo Albert Kesselring]

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P: ¿Supo usted de alguna violación cometida por soldados alemanes en el Este? Cuando le informaban de casos de delitos contra el Derecho Internacional, ¿actuaba usted de alguna manera con los medios a su disposición?

R: Al menos traté de hacerlo, aunque sólo fuera con el fin de mantener la reputación de las Fuerzas Armadas Alemanas y de las Fuerzas Armadas de nuestros aliados italianos. Por tanto, consideré imprescindible actuar con severidad con todo soldado alemán que cometiera un delito. Dado que era consciente del hecho de que la guerra es un asunto violento y que cuando más dura, más violenta se vuelve, en especial si los líderes y mandos intermedios dejan de poder atender a todas sus responsabilidades, recurrí a medidas preventivas. Las normas preventivas, que estoy seguro fueron vistas por las Fuerzas Aliadas durante su avance sobre Italia, mis diversos avisos de las penas impuestas que todo el mundo conocía, son las mejores pruebas de lo que acabo de decir.

Como medida preventiva ordenó que en ciudades enteras, o si esto no era posible, en sus centros, no hubiera cuarteles generales, oficinas administrativas ni soldados, y que quedaran precintados. Además, en la medida en que lo permitían las precauciones debidas a los bombardeos aéreos, los soldados eran acuartelados y alojados en áreas cerradas. También que los soldados que estuvieran solos, ya que suelen ser la causa de problemas, por ejemplo, soldados que se van o vuelven de un permiso, fueran agrupados y que los vehículos no militares formaran convoyes. Para establecer controles, hice que la policía militar, la policía de campaña y los gendarmes establecieran de vez en cuando controles, con tribunales móviles y escuadrones volantes adscritos a ellos.

La compra de bienes italianos, que era en parte causa de problemas, se restringió a almacenes determinados, en colaboración con el Gobierno Italiano, a lo largo de las rutas de vuelta, y en estos sitios los soldados podían comprar cosas que llevar a casa. Esto se controlaba por medio de castigos. Hacía que procesaran a los infractores alemanes de los que los italianos me informaban, o a veces yo mismo actuaba contra ellos. Cuando las operaciones locales impedían mi intervención personal, como por ejemplo pasó en Siena, notificaba a las Fuerzas Armadas que trataría el caso a través de un consejo de guerra en una fecha posterior. En otros casos, cuando la situación era crítica, declaraba el estado de emergencia e imponía la pena de muerte por saqueo, robo, asesinato, etc. Sin embargo, la pena de muerte rara vez tenía un

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efecto disuasorio. Actué contra los oficiales que, dispuestos por naturaleza a proteger a sus hombres, habían demostrado demasiada permisividad.

Que yo sepa, se dispone aquí de todos los archivos, así que se pueden ver todos los detalles en las notas al margen de los informes enviados por los gendarmes de la policía.

P: Testigo, ¿sabe usted también de algún delito contra el Derecho Internacional cometido por la otra parte?

R: Durante mis muchas visitas al frente, me encontré, claro está, con un gran número...

GENERAL RUDENKO: Protesto por esta pregunta. Desde mi punto de vista, el testigo no es una persona que pueda decir si los enemigos de Alemania han quebrantado el Derecho Internacional. Creo que se debería omitir esta pregunta.

Dr. LATERNSER: ¿Me permiten explicar mi argumento? Estoy interesado en cualquier respuesta a esta pregunta porque después quiero preguntarle al testigo si, tras enterarse de infracciones del Derecho Internacional cometidas por sus hombres, se volvió más permisivo debido a las infracciones contra el Derecho Internacional cometidas por la otra parte. Por eso deseo que responda a esta pregunta.

EL PRESIDENTE: El Tribunal querría saber cuál es exactamente su pregunta, y por qué considera que es apropiada.

Dr. LATERNSER: Las palabras exactas de la pregunta son éstas:

Le he preguntado al testigo: ¿sabe usted también de algún delito contra el Derecho Internacional cometido por la otra parte?

Según su respuesta, tengo intención de hacerle otra pregunta al testigo: si, en vista de esos delitos contra el Derecho Internacional cometidos por la otra parte, dejó de castigar los delitos contra el Derecho Internacional de sus hombres, o se volvió más permisivo.

Con la respuesta a esta segunda pregunta, quiero conocer la actitud del testigo como miembro del grupo, y es por eso por lo que considero importante la respuesta a la primera pregunta.

EL PRESIDENTE: El Tribunal querría oír lo que la fiscalía de Estados Unidos opina de esto.

Sr. JUEZ JACKSON: Con la venia, creo que es un principio bien establecido en el Derecho Internacional el que la infracción de una parte no excusa o permite las infracciones de la otra parte. Hay, por supuesto, una doctrina de represalia, pero está claro que no es aplicable aquí, en base a lo que se ha expuesto.

En segundo lugar, incluso aunque se pudiera tratar el asunto, creo que se está entrando en esta materia de una manera inadecuada. Se está haciendo una pregunta muy abierta: "¿supo usted de algún delito contra el Derecho Internacional?". Requiriría al menos, incluso si el asunto fuera admisible tratarlo, que se dieran detalles de algún caso. Una conclusión general sobre una acusación, un quebrantamiento del Derecho Internacional, dificilmente bastaría para informar a este Tribunal de los principios en base a los que este testigo puede haber actuado.

Si hubiera algún caso concreto, con información creíble, que él conociera, podría haber alguna base. Pero está claro que la pregunta hecha por la defensa no ofrece ninguna base.

Creo que estamos apartándonos mucho de los cargos presentados, y que esto se aleja mucho de todas las cuestiones que envuelven el caso. No sé que atrocidades o delitos concretos contra el Derecho Internacional se pueden excusar con este método. Se tienen que haber cometido atrocidades en base a las cuales se trata de excusar las atrocidades cometidas por otro. Quién las cometió, o por qué se cometieron, es un asunto que podríamos tratar de juzgar si entráramos en esta materia. Me parece que esta investigación está fuera de lugar, e incluso si no fuera así, si hubiera alguna manera de considerar que no está fuera de lugar, está mal planteada de esta manera.

Dr. STAHMER: Esta cuestión, que es de una importancia fundamental, fue planteada a este Tribunal hace algún tiempo. Esto ocurrió cuando pedí permiso

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para presentar "Libros Blancos" que contenían informes sobre atrocidades. Creo que fue en la sesión del 25 de febrero.

En aquel momento el Profesor Exner expresó su actitud hacia esta cuestión, y el Tribunal me permitió entonces presentar estos "Libros Blancos", con la condición de que tendría que indicar qué es lo que quería presentar de estos libros.

En esa ocasión se llamó la atención sobre la importancia de la cuestión de si la otra parte también había cometido atrocidades, ya que este punto puede contribuir a pronunciar una sentencia más justa y posiblemente menos dura sobre el comportamiento alemán. El motivo de un acto siempre tiene una influencia decisiva en la sentencia, y se puede afirmar que un acto de la parte alemana será juzgado de manera diferente si la otra parte ha demostrado realmente tener un comportamiento completamente correcto.

Además, es una cuestión importante saber si las medidas tomadas pueden haber sido represalias. En base a estas consideraciones, alego que se debería admitir esta importante pregunta.

EL PRESIDENTE: El Tribunal se retirará 10 minutos.

(Se hizo un receso).

EL PRESIDENTE: El Tribunal ha estudiado las preguntas que el Dr. Laternser quiere hacerle al testigo y también ha estudiado las objeciones planteadas por el General Rudenko y por el Sr. Juez Jackson, y ha decidido que no se aceptarán esas preguntas.

Dr. LATERNSER: Sr. Presidente, supongo que se me permitirá hacer esta pregunta:

P: Testigo, ¿dejó usted de castigar los delitos contra el Derecho Internacional cometidos por sus hombres, o se volvió más permisivo, cuando le informaron de delitos contra esta ley cometidos por la otra parte?

EL PRESIDENTE: En mi opinión, está planteando en una pregunta lo que antes planteó en dos.

Dr. LATERNSER: Sr. Presidente, esta pregunta no tiene como fin hacer que el testigo dé ejemplos de delitos contra el Derecho Internacional cometidos por la otra parte. En base a su respuesta, quiero tan sólo conocer la actitud fundamental del testigo, y ver si como Comandante en Jefe fue de lo más estricto con los delitos contra el Derecho Internacional cometidos por sus hombres incluso aunque le informaran de delitos cometidos por la otra parte. Retiro la pregunta.

EL PRESIDENTE: El Tribunal no pondría objeciones a que le preguntara al testigo si se preocupó de evitar que se quebrantara el Derecho Internacional. Si quiere hacerle esa pregunta, no habrá objeciones. La pregunta que usted ha sugerido en realidad es idéntica a las que planteó antes.

Dr. LATERNSER:

P: Testigo, durante este juicio se han hecho graves acusaciones de atrocidades cometidas por soldados alemanes. ¿No se había informado y educado convenientemente a los soldados para que conocieran las leyes del Derecho Internacional?

R: Responderé a esta pregunta afirmativamente. Las muchas charlas que dimos tanto los comandantes bajo mi mando como yo siempre incluían esa clase de advertencias e instrucciones.

P: ¿Protegió usted en la medida de lo posible, como Comandante en Jefe de un grupo de ejército, tesoros artísticos e iglesias?

R: Consideraba por supuesto que era mi deber proteger los centros artísticos y de conocimiento, así como las iglesias. Di órdenes a tal efecto.

P: ¿Qué sabe del trato recibido por los prisioneros de guerra que caían en manos alemanas?

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R: Los prisioneros de guerra eran tratados de acuerdo con el Derecho Internacional. Cuando las inspecciones ordenadas por mi revelaban alguna negligencia, la corregía y reprendía al comandante responsable.

P: Tengo tres preguntas más.

¿Le informaron, como Mariscal de Campo, de que Italia entraría en la guerra?

R: No, no me informaron de ello. Que yo sepa, la entrada de Italia en la guerra fue tan espontánea que hasta los líderes políticos estaban sorprendidos.

P: ¿Y le informaron de que se declararía la guerra a América?

R: No. No puedo decir nada sobre esta cuestión.

P: Y la última pregunta. ¿Qué política se seguía con la renuncia de líderes militares durante la guerra?

R: No se permitía la renuncia de las Fuerzas Armadas por voluntad propia ni solicitar permiso para renunciar. En 1944 se dio una orden prohibiéndolo, con la amenaza de duras condenas. El Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas se reservaba en exclusiva el derecho a hacer cambios de personal en los puestos de liderazgo.

P: ¿Existía una orden por escrito a tal efecto?

R: Sí, eso creo.

Dr. LATERNSER: No tengo más preguntas.

PROFESOR Dr. JAHRREISS (abogado del acusado Jodl):

P: Testigo, usted ha dicho antes que los Comandantes en Jefe tenían, en asuntos militares, el derecho y la oportunidad de presentar sus peticiones y puntos de vista a Hitler, el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas. ¿Lo he entendido bien?

R: Sí.

P: ¿Tuvo usted personalmente diferencias de opinión con Hitler relacionadas con las órdenes?

R: Considerables diferencias relacionadas con cuestiones operativas y tácticas.

P: ¿Llegaron a chocar realmente?

R: "Chocar" es quizás un término demasiado exagerado. Se trató más bien de divergencias por parte de cada uno.

P: Llamémoslas disputas, ¿eran frecuentes?

R: Sí.

P: Después de todo lo que hemos oído aquí, Adolf Hitler debía ser un cliente bastante difícil.

R: Es cierto. Por otro lado, vi que, aunque no sé por qué, mostraba comprensión hacia la mayoría de las cuestiones que le planteaba.

P: ¿Resolvía usted mismo estas diferencias de opinión con Hitler?

R: En casos críticos, si no lograba imponer su punto de vista, el General Jodl me llamaba.

P: ¿Si usted no lograba imponer su punto de vista?

R: No, si Jodl no lograba imponer su punto de vista.

P: Si Jodl no lograba imponer su punto de vista, ¿le llamaban a usted?

R: Sí.

P: ¿Diferían también las opiniones de Jodl de las de Hitler?

R: En las diversas ocasiones en las que estuve presente para informar, observé diferencias de opinión muy claras entre ambos caballeros, y que Jodl, que era nuestro portavoz en el OKW, exponía su punto de vista con una energía destacada y se aferraba a él hasta el final.

P: ¿Qué quiere decir con eso de que era su portavoz en el Alto Mando? ¿El portavoz de quién?

R: Mis teatros de operaciones, hablando como General de las Fuerzas Armadas eran llamados teatros de operaciones del OKW, y el Este era un teatro de operaciones del Ejército.

P: ¿El OKW no tenía ningún control sobre el teatro de operaciones del Ejército en el Este?

R: No.

P: ¿Y el Ejército no tenía ningún control sobre los teatros de operaciones del OKW?

R: No.

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P: No creo que todo el mundo pueda entender esta diferencia.

R: Sería un gran logro que lo entendieran, ya que yo mismo tampoco lo entiendo.

P: Así que usted estaba en un teatro de operaciones del OKW.

R: Sí.

P: ¿Qué significa OKW en relación a este tema?

R: Oberkommando der Wehrmacht, Mando Supremo de las Fuerzas Armadas.

P: Sí, lo sé.

R: Quería decir que el Comandante en Jefe recibía órdenes directas de Adolf Hitler, y el Cuartel General, del Mando de Operaciones de Jodl.

P: En un interrogatorio anterior usted habló de órdenes del OKW, ¿verdad?

R: Sí.

P: ¿Quién es el OKW, quién dio esas órdenes?

R: Las órdenes de carácter básico las daba una sola persona, Adolf Hitler. Todos los demás no eran más que oficiales ejecutivos. Esto no impedía que estos oficiales ejecutivos tuvieran puntos de vista propios ni que expusieran los puntos de vista de los grupos de ejército bajo su mando, y presentaban estos puntos de vista enérgicamente a Adolf Hitler.

P: Lo que está diciendo ahora me sorprende, dado que se ha dicho que Jodl, que según usted dice era una especie de portavoz de los Comandantes en Jefe, era un instrumento de Adolf Hitler sin voluntad propia.

R: Creo que una cosa no excluye a la otra. No puedo imaginar un matrimonio que durara seis años sin que ambos cónyuges no trataran de entenderse. Por otro lado, puedo imaginar que hasta en los matrimonios más felices hay serias disputas.

P: Pero en un matrimonio típico el marido no tiene por qué ser necesariamente un instrumento sin voluntad propia.

R: La situación sigue siendo un poco diferente. Como en todas las comparaciones, esta comparación con el matrimonio no sirve para todo. Además, en el Ejército existe el principio de subordinación absoluta.

P: Sí, pero lo que nos acaba de decir sobre la situación de Jodl como portavoz de los Comandantes en Jefe suena a que Jodl actuó de intermediario, ¿no es así?

R: Jodl defendía nuestros intereses de una manera destacada, y esa es la razón por la que actuó de intermediario para todos nosotros.

P: ¿Mantenía también sus opiniones en contra de las de Adolf Hitler cuando éste, en uno de sus famosos ataques de ira, daba una orden?

R: Sólo puedo decir que en ocasión de mis pocas visitas al Cuartel General, vi al General Jodl, si se me permite decirlo, con la cara toda roja, y al expresar sus puntos de vista se acercaba mucho al límite de lo permisible para un militar.

EL PRESIDENTE: Se levanta la sesión.

(Se levantó la sesión hasta el 13 de marzo de 1946 a las 10 horas).


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